Es imperioso debatir sobre la esterilización provocada por el sistema de intermediación financiera, que drena volúmenes impresionantes de recursos que deberían servir al impulso productivo y al desarrollo económico. Los números son conocidos y muy claros; basta unirlos para entender su impacto. La cuenta es simple: el crédito en Brasil representa cerca del 60% de su PIB. Sobre ese volumen operan intereses, que van a manos de los intermediarios financieros. Analizar esa masa de recursos, en su origen y destino, es fundamental. Vale recordar que el banco ejerce una actividad de “medio”: su productividad depende de cuánto le provee al ciclo económico real y no de cuánto extrae de allí en forma de lucro y aplicaciones financieras. Aquí simplemente hemos juntado las piezas conocidas para evidenciar cómo actúa el mecanismo. (L. Dowbor)

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